
Entre el sonido mudo de la soledad, entre el viento seco que golpea mi cara, entre el frio infernal que entumece mis piernas, me siento y me disparo, me nublo y me vuelvo muerto, muerto en el sentido de no sentir nada ningún sentido tacto, olfato ni vista, tan solo el sentido que más agudo se ha vuelto, que es del poder oir, y mientras deslizo algunas palabras sin siquiera saber de que se tratan, oigo a lo lejos un hermoso sonido, no es la voz de mi ángel, no porque el lejano esta ahora de mí, es un sutil movimiento de dedos que hipnotiza y cautiva, como es posible que los dedos lograsen tan armoniosos sonido perfecto de una caja sin vida, sin movimiento, pero parece que dentro de su piel de madera ocultase un alma de ruiseñor, un alma que atormentada por la desdicha y por el claustro clama a gritos, pero no cualquier grito, sino mas bien a gritos armoniosos, de delicadas tonadas que perpleja mi alma aturdida. El tono se incrementa, se alcanzan notas más altas con cada sigiloso movimiento de dedos, parecieran que se enredan entre si, pero marchan con una gran coordinación envidiable, suena, suena sigue sonando se acerca de apoco el final, se inclina se deslizan más lento y golpea, sonidos suaves y lentos lo acompañan, me corazón sigue el ritmo, no se pierde, está atento a cualquier cambio que pueda pasar, no pestañea, no piensa solo siente, siente como su alma compleja se deja seducir por un simple piano.















